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"Abre los ojos: la trata existe porque lo permitimos"

En el Día Mundial contra la Trata, la autora del artículo habla en primera persona de su experiencia como superviviente de trata con fines de explotación sexual. Sus reflexiones ahondan sobre el papel del Estado y de cada una y uno de nosotros en la "fabricación de putas". 

Amelia Tiganus -- Feminicidio.net -- 30/07/2016

Esta semana la Fundación Surt presentó un estudio sobre la trata con fines de explotación sexual en España y según la investigación, una de cada tres víctimas de trata procede de Rumanía. Lo que el informe saca a la luz no me extraña en absoluto pues así es la realidad que conozco y he vivido en primera persona. Una entre la de miles de mujeres que desde niñas fueron formateadas para entrar en el mercado más rentable del mundo, la trata con fines de explotación sexual. Lo que me sorprende es la actitud de la cónsul general de Rumanía en Catalunya y las Islas Baleares, Geanina Boicu, que se muestra indignada, tacha de equivocadas algunas conclusiones y solicita que se haga un análisis “en el país de origen y no sólo en el de destino”.

 

Rumanía es la trampa señora cónsul

Pues yo hago el análisis que pide la cónsul (no es fácil volver al pasado cuando has tenido una vida marcada por la violencia sexual, la indiferencia social y un entorno que te ha culpabilizado a ti de ser víctima de trata). Lo cierto es que nacer mujer en Rumanía no me ha ofrecido ni garantizado la libertad de poder desarrollarme como persona. Es una sociedad profundamente machista y patriarcal, muy conservadora y religiosa, donde teóricamente las mujeres somos iguales pero en la práctica, nacemos y nos educan para servir a los hombres. La educación sexual brilla por su ausencia y el sexo es un tema tabú que esconde la posición que tenemos las mujeres en la política sexual de roles frente a los hombres, la inferioridad, y eso, claro, nos deja en una situación muy vulnerable… Así es muy fácil fabricar putas.

La sociedad fabrica putas para que los hombres tengan el privilegio de disponer del cuerpo de algunas mujeres. También en Rumanía.

En España la demanda de prostitución es muy elevada y la prostitución es vista con total normalidad o en algunos casos como un mal necesario y como no se puede cubrir con las mujeres que están encantadas de prostituirse, se recurre a la fabricación de las putas: pactos entre hombres, el patriarcado de las instituciones y del comercio y las redes de proxenetas, se convierten así en una gran multinacional que traspasa todas las fronteras. Ese gran negocio y disfrute de los hombres que es la trata se consuma con mujeres violadas en su niñez, quebradas y obligadas a agachar la cabeza, mujeres a la que se las deshumaniza para que puedan venderse, como me vendieron a mí a los 17 años por 300 euros, unos proxenetas rumanos a un proxeneta español.

En Rumanía, primero me topé con los hombres acosadores, después con los violadores y luego con los proxenetas (muchos de ellos son también violadores que escogen a niñas para violarlas, quebrarlas y luego venderlas: la fabricación de putas y la violencia patriarcal son inseparables). Y todos esos hombres que conocí se movían impunes, arropados por sus familias, su comunidad más cercana y la complicidad del Estado proxeneta.

La fabrica de putas existe porque los Estados permiten la trata de personas con fines de explotación sexual.

 

La fabrica de las putas se construye con machismo y misoginia

Niñas que cuando llegamos a la pubertad somos las víctimas perfectas de toda esta maquinaria para ingresar al mercado de sexo... Se nos crea una realidad muy hostil, se nos culpa y se nos castiga con la mayor de las crudezas, se nos mira con desprecio, con odio, solo por ser mujeres. Se nos señala como culpables y merecedoras de haber sido violadas. Vengo de una sociedad que piensa que las putas son putas porque así han nacido. Sonia Sánchez habla de la soledad de la puta y es estremecedora, solo las putas sabemos y entendemos realmente cómo se vive esa soledad. Es una soledad que entierra en vida el alma de quien un día llegó al mundo con el derecho a vivir libre y feliz.

Cuando me violaron a los 13 años por primera vez, solo encontré miradas llenas de odio, voces acusándome, personas que miraban hacia otro lado.

A veces me pregunto qué hubiera sido de mi vida si mi familia, mis amigos y amigas, mis compañeros de clase, el profesorado, la comunidad de vecinos, las familias de los violadores, la policía, los médicos que me atendieron, las ONG y el Estado, me hubieran ayudado. Quizás no hubiera abandonado la escuela. Quizás no me hubieran convencido de que mi mejor destino era el de ser una puta. ¿Por qué mi entorno no reaccionó para evitar que mi dignidad y mi integridad fuesen pisoteadas? Sobre mí recayó la responsabilidad como un gran bloque de cemento mientras los violadores fueron los triunfadores, los ganadores de un gran trofeo, con la cabeza en alto, seguros de si mismos.

¡Y no! No nos engañan con falsas promesas de trabajo. ¡No hace falta! Puedes elegir entre ser puta en Rumanía, donde las prostitutas son perseguidas y multadas por policías que abusan de su poder (muchas veces sobornan a las putas o directamente las violan y hacen la vista gorda con las que son presas de sus proxenetas y no intervienen cuando son violentadas a manos de clientes misóginos y machistas que la sociedad cría, apoya y ama…). O puedes emigrar y ejercer la prostitución en otros países como España, donde las mujeres autóctonas han conseguido importantes avances en el camino hacia la igualdad, mientras “otras”, mujeres migrantes de países más pobres refuerzan su condición de colonizadas por puteros españoles que no están dispuestos a  renunciar a los privilegios que el patriarcado les ofrece. Y entre estas dos oportunidades elegimos la segunda. Rumanía es un país que no ama a sus mujeres, es una sociedad que las utiliza para perpetuarse y para satisfacer los deseos de sus machos. Y para lucrarse con sus cuerpos ya que es muy suculento el botín que deja el negocio de la trata al Estado.

Pero tú tampoco te engañes, es en España donde se cierra el círculo de la fabricación de las putas. Aquí, hombres que tú conoces, puede que sean tu marido, tu padre, tu primo, tu hijo, tu vecino, tu amigo… financian esta esclavitud, son ellos los principales socios de los proxenetas. Y todo esto permitido por el Estado y la sociedad española.

No mires hacia otro lado. Abre los ojos. Actúa. Trabajemos juntas para que la igualdad de oportunidades sea una cuestión social prioritaria y dejen de existir las fábricas de putas. Todas las mujeres nos merecemos vivir una vida libre de violencia patriarcal y de opresión.

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